Hace cuatro años que no me metía a este blog. Cuanto he cambiado en los últimos años. No puedo creer que esto lo empecé un 2013 llegando curao de un carrete en Osorno a los 19 años. Cuando chico escribía muchos diarios, cuadernos. Tengo uno desde el 2009 que fue el último que escribí en papel. Luego comencé este blog, de ahi me cambié a tumblr y a la par subía videos a mis canales de YouTube y bueno, aquí vamos de nuevo.
Estoy trabajando en un colegio en el norte. Hago clases a niños chicos. Me caen bien, son muy inteligentes y la mayoría del curso habla muy bien Inglés. Eso es un provilegio y un arma de doble filo para mi. Me acordé que tenía este blog porque justamente estámos escribiendo un blog con ellos. Cada uno está haciendo una entrada de un blog y fue como: "Wait a minute .. que ganas de escribir de nuevo".
¿Podría resumir estos cuatro años en una entrada de blog? Imposible. Intentémoslo en un párrafo: Me olvidé de mi segundo ex, mi mejor amigo de Punta Arenas se metió con mi pareja de ese entonces en mi cama, me operé la nariz, pololié de nuevo, terminé, Chile se acabó, covid, fuí a terapia, renuncié a mi pega antigua, vendí todas mis cosas y me vine a vivir al norte.
Que iba a pensar yo que iba a estar viviendo en el norte. Con suerte conocía Arica y nunca, ni en mis más remotos sueños me imaginé que iba a estar viviendo acá, trabajando con sol, calor y sudor todos los días, en una ciudad donde se mezcla el mar con el desierto. Inimaginable.
Antes de escribir esta entrada, leí una de las últimas que había escrito y era sobre mi primera semana viviendo en la Patagonia. Ctm, tantas cosas pasaron allá que me hicieron ser la persona que soy hoy en día. Nunca pensé que me iba a afectar tanto vivir en un clima tan helado y gris como es Punta Arenas, y más aún encerrado en un departamento un año completo, sólo. Completamente sólo. Ahora la voy a pensar dos veces cuando quiera encerrarme en un reality. Bueno, al menos ahí me pagarán.
Fue difícil tomar la decisión de renunciar al colegio anterior. La verdad es que nunca me gustó mucho Punta Arenas. Pisé esa ciudad un 23 de Febrero del 2018. Llegué donde la Leila, a Rio de los Ciervos a las 2 de la mañana. El pipo me abrió la puerta y al bajarme de la van y pisar ese ripio helado con un viento que me caló los huesos, supe de inmediato que ese no era mi lugar .. y me aguanté 4 largos y tediosos años.
El 2021 fue un verano de superar mi última relación. ¿Se acuerdan que antes habían ciudades que no podían salir a la calle y otras si? Pareciera que eso fue hace mucho tiempo, pero no. Recuerdo que ese año fuimos con una amiga (con la que no hablo más o menos desde esa fecha) a ver a mi mejor amiga a Santiago. Pasámos el año nuevo en su departamento, con su pololo -hasta ese entonces nuevo- y unos amigos de él. Lo pasé tan bien pero tuve una caña tan mala. De esas emo. Me quería tirar del balcón. No me sentía yo, me sentía pasado a llevar, dejado de lado, no tomado en cuenta, sin propósito, triste, desolado, amargado, confundido. Para mi mala suerte, ese sentimiento no se fue nunca más. Luego de eso, viajé a Punta Arenas el 28 de Enero, para cuidar a mis abuelos del covid. Entré a mi pieza, vi la vista hermosa que tenía y dije: "Que mierda hice".
Ese sentimiento inexplicable que te apreta el pecho y te duerme las mejillas de nuevo estaba ahí, rondando. Me puse a llorar sin saber por qué estaba llorando. No tenía razones para hacerlo. Había bajado 15 kilos después de operarme, estaba bronceado, con una piel hermosa, con ropa nueva, con un amigo esperándome para ir a tomar mojtos de bienvenida, pero aún así me sentía como el pico. ¿Era acaso depresión lo que tenía? Imposible, soy Luciano. Luciano es una persona energética, llena de vida, de un corazón frio, que se baña en aceite y le resbalan todos los comentarios que no aportan; o eso es lo que creía.
Las semanas pasaron y había pequeños momentos de felicidad en mis días. Mis alumnos me alegraban bastante el día a día y hacían que sea llevadero. Las copuchas de la Carla y la Karen también. Pero no era suficiente. Me daba miedo que llegue la noche y tener que encontrarme conmigo mismo en la cama, sólo, con la pieza oscura y fría, sin notificaciones en el celular, sin mensajes, sin llamadas. Era como que todos mis amigos sabía que estaba ahí, pero a la vez no. Me empezó a dar miedo dormir, simplemente porque no sabía que pasaba cuando me quedaba dormido (no me gusta hablar mucho de eso porque, a pesar de que ya lo tengo controlado, todavía me da de vez en cuando). Las parálisis del sueño se hicieron notar mucho más recurrentes, me desdoblé dos veces y se me apretó el pecho saltando de la cama y pensando que ese iba a ser el fin. Lloraba de la impotencia de no poder controlarlo y no poder contarle a nadie porque claramente nadie me creería, sólo iban a pensar que estaba llamando la atención. Me refugié en libros, en la Carla y en las películas.
La Carla se fue de vacaciones a Alemania en Julio. Yo estaba en Santiago esperando una noticia. Fue desgarrador escuchar que no había resultado como yo lo esperaba. Volé de Santiago a Puerto Montt a ver a mi tia y ni ella, que siempre esta ahí para mi, estaba conmigo. Me veo yo, sentado en la costanera del Puerto, tomando un café, fumando un cigarro y pensando en que era lo mejor que podía hacer, sin medir la consecuencia de lo que podría pasar. Volví a Punta Arenas y así como que no quiere la cosa, se la tiré a mi roommie: Quiero renunciar. Su cara de sorpresa fue muy evidente. Me dijo que lo pensara dos veces y que se lo cuente a alguien, que converse las cosas. Pero, ¿Con quién iba a conversar si sentía que nadie me escuchaba? Poner la oreja no es escucharte. Responderte un mensaje no es leerte ¿Tanto estaba pidiendo?
La Carla llegó de Alemania y mientras comíamos tacos y tomabamos cerveza sin alcohol viendo El Juego del Calamar le propuse que renunciemos juntos. Ella lo había pasado más mal que yo y necesitaba que hagamos esto juntos para que los dos podamos encontrar la felicidad que nos merecemos. Ninguno tenía un plan a futuro, pero ninguno quería quedarse. Lo decidimos. Yo fui a renunciar unas semanas antes que ella. Ella me siguió después. Todo ese proceso fue muy largo y la verdad es que da para una entrada de este blog completa.
Todo lo que pasó después es historia. La terapia que me cambió la vida, las piscolas en Bruna, la decisión de irme a trabajar a Santiago, todo eso me trajo al lugar donde estoy ahora.
El sábado cumplí dos meses viviendo acá y han sido muy intensos. Nunca había conocido a tanta gente en tan poco tiempo. Ni cuando me fui a vivir a Escocia, ni cuando me mudé al fin del mundo. Han sido dos meses muy buenos, donde me he reencontrado con el antiguo yo, he retomado hábitos que tenía olvidados y voy día a día superándome en este nuevo trabajo. Tengo tantos planes para lo que queda del año. Volví a pensar en el futuro y dejar el pasado de lado. El pasado siempre estará ahí para mi, pero no es una entrada de blog que se puede editar. El futuro lo puedo volver a escribir tantas veces quiera.











