domingo, 2 de agosto de 2015

El regreso a Chile, parte1

Suena la alarma. 8 de Junio del 2015. Último día en Escocia.

Hace ya unas dos semanas, mis amigos franceses y mis compañeras de departamento se habían vuelto a sus casas en Francia. Estuve solo, aproveche de ordenar, de empacar, comprar regalos y conocer los rincones de la ciudad que me mantuvo por casi un año.Salia todos los días para no aburrirme. El clima estaba agradable, el verano Europeo se acercaba y yo lo iba a dejar ad portas de su llegada. Fueron dos semanas muy largas que las acortaron mis amigos Españoles.

Siempre escuché que los españoles eran súper pesados, que miraban a los latinoamericanos por sobre el hombro, pero no es así. Son una de las mejores personas que conocí en mi año en Europa. Eran igual de buenos pal' webeo que yo, les encantaba el reggaeton y la juerga. Solíamos ir a un bar latino que iba a transmitir la copa américa, se llamaba Boteco do Brasil. Me encantaba ir ahí con ellos por que hablábamos solo en español y la gente nos miraba raro. Lo pasábamos bien, tengo los mejores recuerdos de cada uno de ellos y definitivamente debo ir a España algún día a visitarlos.

Ese día, el ocho de Junio, estaba en la misma hostal donde llegue el primer día que pisé Glasgow. Me puse un pantalón de buzo, una polera y mientras caminaba por el gran pasillo para ir a tomar mi último desayuno, solo tenía una gran sonrisa de regocijo en la cara, era como un sueño, como caminando al pasillo donde no sabes lo que te vas a encontrar pero en el fondo conoces perfectamente tu horizonte, sabes lo que va a pasar y sabes todo lo que viene.

Bajé las escaleras y llegue al comedor, comí el típico desayuno inglés. Longanizas de cerdo, huevo revuelto, tomates fritos, porotos, tostadas, black pudding (una especie de prieta chilena) y un vaso de jugo natural de naranja. Me sentía en la gloria.

Salí a comprar los últimos regalos que quería llevar a Chile, pasé al supermercado y volví a la hostal.

Cuando entro a mi pieza, había un estadounidense sentado en la otra cama, le comencé a hablar, hablamos horas, pase toda la tarde conversando con el. Me dijo que era mechón en la universidad, que tenía una mejor amiga que se había metido con un amigo de él, que andaba de visita en Escocia porque sus padres eran escoceses y el nunca había viajado a Escocia antes. Fue una buena conversación, me acortó la tarde.

Bajé, comí, imprimí los papeles que necesitaba para comenzar mi travesía de vuelta al día siguiente.

Fui a la recepción a buscar los papeles cuando veo a tres chicos con pinta de latinos intentando hablar con la recepcionista. Los quedo mirando un rato y me reflejé en ellos hace un año atrás, cuando yo estaba en su misma situación, llegando por primera vez a ese lugar y no entendiendo nada. Les pregunte de donde eran. Eran Argentinos, les dije que yo era Chileno y que los podía ayudar. Me invitaron a carretear a su pieza pero claramente no podía darme el lujo de afrontarme a la posibilidad de no despertar al otro día y perder mi vuelo a Chile, ese si que hubiese sido cagazo.

Me fui a la pieza a eso de la una de la mañana, me acosté con cierto nervio, cerré los ojos y dormí.

9 de Junio del 2015. 7.30 A.M. Viaje a Chile.

Salgo de la hostal pero antes de embarcarme en el gran viaje, me despido de los recepcionistas. Me desearon un gran viaje y que llegue sano y salvo a donde quiera que vaya. Me subo al taxista y le digo que me lleve a Buchannan station, la estación de buses de Glasgow.

El día estaba hermoso, era un martes, había mucho movimiento en la calle. Llego a la estación y le doy mil gracias al taxista por haberme ido a dejar ahí. El taxista me miró raro ya que la estación estaba solo a cuadras de la hostal y yo le agradecía como si fuese el último día de mi vida. Debía hacerlo, los viajes iban en cadena,si perdía uno perdía todo por lo que cada pequeño paso para mi era decisivo.

Entré a la estación, debía buscar un bus que vaya hasta el aeropuerto de Edimburgo, lo había pagado por internet y como llevaba una maleta extra, me asegure de comprar dos asientos en vez de uno. Al llegar el bus ni siquiera me revisaron el pasaje, creo que pague de puro gusto la maleta. Daba lo mismo, en ese momento solo quería llegar a destino.

Ese viaje para mi fue muy importante, estaba dejando para siempre el lugar que me enamoró y me encanto en toda mi experiencia. No sentía el dejar Europa, porque siempre se puede volver, pero sentía mucho dejar de lado esa gran ciudad que acogió tan amablemente, donde viví experiencias que no se pueden expresar en estas lineas, experiencias que cambiaron mi vida, mi manera de ver el mundo, mi manera de acercarme a la gente. No se si soy más sabio que antes, no se si soy más maduro que antes, pero lo que sí se y lo que pensaba mientras iba en el bus hacia el aeropuerto, es que me daba una pena tremenda tener que dejar ese lugar y un miedo infinito al re-encontrarme con mis raíces chilenas, el ver a toda esa gente que no vi durante un año.

Me embarco en el avión desde Edimburgo a Londres. El viaje fue al rededor de una hora y cuarto. Me fui en un avión de British Airlines, en un asiento privilegiado y con comida gourmet. Esos lujos no los iba a ver en mucho tiempo por lo que tenia que aprovechar cada miga de esos snacks.

En Londres hay cuatro aeropuertos, pero el internacional y que hace vuelos inter-continentales se llama Heathrow. Ahí estaba yo. Después de 11 meses estaba en el mismo lugar, pero ahora con pasaje de retorno a mi tierra. El aeropuerto es tan grande que hay que tomar un metro que te lleva a los otros terminales. Yo llegué al terminal 1 y mi vuelo desde Inglaterra a Brasil salía en el terminal 3. Subí al metro hasta legar al terminal 3.

17.30.Terminal 3. Últimas horas en Europa.

Salí a fumar un cigarro, miraba detenidamente a toda la gente, esa diversidad no se ve en Chile, debía nutrir bien mis ojos.Mientras fumaba, estaba grabando un audio de whatssapp para mi papá. No alcancé, se me descargo el celular y el cargador lo tenía en una de las maletas.

Cigarro terminado, y descarga de equipaje. Debía buscar la empresa brasileña TAM airlines. No era muy difícil encontrarla, estaba al lado del sector fumadores. Al llegar pude percibir a más latinos, la mayoría brasileños. Delante mio iba un matrimonio viejo de Argentinos. No sabía hablar ingles pero su sorpresa fue que el weón que estaba atendiendo era Argentino, por ende a mi igual me atendió en español.

Puerta de embarque número 40. Cierre de puertas a las 20.00, despegue a las 22.15. Destino: Sao Paulo.

Estaba tan nervioso, se me retorcían las tripas, iba caminando a esa puerta de embarque re culia que quedaba al otro lado del terminal, era todo blanco y de vidrio, se veía el atardecer inglés y yo casi llorando de la incertidumbre, pensaba lo peor, ya no quería volver, pensaba que el avión se iba a caer, que nadie me iba a estar esperando, que todos me iban a encontrar muy distinto, que nadie me iba a hablar, es una sensación terrible y pa' más remate, me acompañaba una postal de película con el horizonte en frente de mis ojos y la puerta de embarque al lado.

Había muy poca gente en la puerta de embarque, habían muchos asientos. Antes de llegar, pasé a una maquina dispensadora de comida a gastar mis últimas libras. Compre mi tan amado y extrañado meal deal: Un wrap de pollo tikka, unas papas fritas de queso cheddar y cebolla y una botella de agua Evian. Que daría por volver a comer esas delicias.

Camine y camine cuando ups, piano salvaje aparece. Un piano en un aeropuerto con el cartel Play me.

"Estoy en Londres y nadie me conoce". Comencé a tocar. Empezó a llegar gente, algunos grababan y otros se reían, toqué pura mierda la verda, pero una niñita se puso a bailar! punto para ella.

Azafata, fila enorme de brasileños. Luciano con una mochila Jansport negra, pantalon de buzo gris de Primark, zapatillas shuer estilosas nuevas nike, polera negra y un gran ME DUELE LA GUATA CONCHATUMARE QUE NO CAIGA EL AVIÓN en mi mente.

Puros brasileños e ingleses. Alcancé a percibir a una señora uruguaya por su pasaporte y los infaltables pelolaiiiii. "Pero viejo, que onda, a que hora despegamos" (lease con un kilo de papas en la boca, pendejo lais algo santiaguino de unos mmmm 12 años, al lado su hermano igual a el y un papá abrazando a sus crías por los hombros, con una pinta cashual intelectual igual al italiano de Masterchef).

Me doy vuelta con una cara de "no puedo creer que el último día de mi año en Europa me pille a unos chilenos". Igual era un poco obvio si nos íbamos a Chile. El papá me quedo mirando también, bastó con vernos las caras para reconocer al compatriota de inmediato.

Se abre la puerta, conchatumare, me iba a Chile.


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